Para la sociedad tradicionalmente los archivos han sido aquellos lugares donde se preserva la memoria y la historia. Y aunque es así, la realidad es que los archivos son mucho más. En ellos se conservan los testimonios fehacientes de las actividades llevadas a cabo por la Administración y sus relaciones con las personas, por lo que son pilares esenciales de la memoria, la transparencia, el buen gobierno y el ejercicio de derechos. En el imaginario colectivo todavía persiste esa percepción que los sitúa como lugares opacos, de difícil acceso y reservados para una minoría especializada. Aunque los archiveros y archiveras trabajamos día a día para cambiar esa concepción y demostrar que los archivos son lugares abiertos de conocimiento, nos seguimos dando de bruces con esta realidad. Frente a ello, se vuelve imprescindible transmitir activamente a la ciudadanía que los archivos son, y deben ser, espacios abiertos, cercanos y compartidos.
Lo cierto es que las demandas sociales han cambiado. Tradicionalmente, el público de los archivos estaba muy acotado, centrándose principalmente en el mundo de la investigación que documenta sus investigaciones en las fuentes primarias conservadas en los archivos. Poco a poco otros usuarios/as comenzaron a visitar las salas de consulta para preguntar por antecedentes laborales, por antepasados o para formular esa ya conocida pregunta ¿qué hay de mi pueblo?. Y esas nuevas demandas nos van dando indicios de que ya no es suficiente con conservar, describir y dar acceso a la documentación, sino que la ciudadanía reclama ahora archivos vivos, dinámicos y conectados con las necesidades de las personas.
Y todo esto esboza una respuesta a la pregunta que inicia esta reflexión. ¿Por qué la participación en archivos? Porque los procesos participativos facilitan justamente lo que las archiveras y archiveros buscamos: la convergencia en el archivo de diferentes experiencias, saberes y conocimientos, la reinterpretación del relato con ópticas diversas, y la búsqueda de una apertura no solo pasiva sino una en la que las personas sean partícipes, favoreciendo la creación de redes entre ciudadanía, profesionales e instituciones.
¿Es posible la participación en archivos?
A priori los archivos y los procesos participativos pueden parecer antagónicos: tradicionalmente los primeros están enfocados en la conservación y preservación, se basan en el procedimiento administrativo y su público tradicional suele ser especializado. Por otro lado, los segundos buscan la experimentación, el prototipado y la interdisciplinariedad. ¿Pueden entonces ambos coexistir? La respuesta es que no solo pueden sino que de manera natural se encuentran. Porque los archivos son, por supuesto, lugares de memoria a los que acudir para consultar las fuentes originales necesarias para la investigación histórica, siendo, por supuesto, la custodia y preservación del patrimonio documental un objetivo primordial. Pero no hay que olvidar que otro gran objetivo es facilitar el acceso a ese patrimonio y más aún cuando en nuestros archivos se conservan no solo esa memoria sino también derechos ciudadanos.
Por todo ello la Subdirección General de los Archivos Estatales (SGAE) del Ministerio de Cultura de España ha comenzado un camino de transformación que busca situar a la ciudadanía en el centro. Sin abandonar la misión fundamental de conservar y proteger el patrimonio documental, se apuesta también por unos archivos que dialoguen con el territorio, que escuchen a la comunidad y respondan a las necesidades que están demandando. Archivos que dejan de ser espacios pasivos frecuentados por especialistas, para convertirse en agentes activos de la vida cultural y social. Por ello, en el actual Plan Estratégico de la SGAE existe una línea para incrementar la participación ciudadana y la colaboración con nuevos públicos emergentes. Además, el V Plan de Gobierno Abierto (2025-2029) incluye la creación y puesta en marcha de la Comisión de Participación Ciudadana en materia de archivos, con el objetivo de fomentar la participación de la ciudadanía y analizar las propuestas recibidas por parte de la sociedad civil para mejorar nuestros servicios.
Los dos laboratorios ciudadanos que se celebraron a finales de 2025 y principios de 2026 en dos de nuestros archivos estatales (“Del Viaje al Turismo”, en el Archivo General de Indias (AGI), y “La Música en el Tiempo”, en el Archivo General de la Administración (AGA)) son un claro ejemplo de cómo los archivos pueden convertirse en esos espacios abiertos de investigación, experimentación y cocreación colectiva. Deseamos seguir consolidando esta metodología innovadora que derriba las barreras tradicionales entre los archivos y la comunidad. El éxito de estas experiencias demuestra que el patrimonio documental adquiere un mayor valor cuando se activa a través de las personas que se unen a trabajar colectivamente. No se trata solo de abrir las puertas, sino de invitar a la sociedad a resignificar el patrimonio documental, integrando las voces, experiencias y saberes de la ciudadanía y avanzar así hacia un modelo donde los archivos se consoliden como entornos públicos de conocimiento compartido.



